LA ANUNCIADA TRAGEDIA EN SUAZA

Las lamentables pérdidas económicas y humanas del municipio que se declaró en calamidad pública, es muestra de la urgente necesidad de implementar medidas de choque  para las comunidades de más alto riesgo ubicadas sobre la ribera de afluentes.

El estruendo consecutivo de los truenos alertaron desde tempranas horas de la noche a la comunidad urbana de Suaza, sobre las torrenciales lluvias que se estaban presentando en la zona rural del municipio, en la parte alta, aunque en el pueblo el fenómeno fuera moderado.

Residentes de la localidad habían estado expectantes ante una posible avalancha, según sus cálculos este tipo de sucesos suele repetirse aproximadamente cada 20 años, pero más allá de esperar no se hizo gran cosa; no es posible predecir un desastre aunque sí mitigar el riesgo.

Los medios de comunicación y la Oficina para la Gestión del Riesgo del Huila ya habían informado sobre el aumento de las precipitaciones. Las lluvias continuaron durante toda la noche del jueves y madrugada del viernes. Las malas noticias despertaron al pueblo y encendieron las alarmas ante las autoridades.

Los bomberos

“Nos imaginábamos que hacia la parte de las veredas el aguacero era grande porque los truenos y relámpagos eran muy persistentes. Y ya para las cinco de la mañana nos informaron que las lluvias habían aumentado el caudal de las quebradas que desembocan en el río Suaza”, contó el comandante del Cuerpo de Bomberos Voluntario, Moisés Audor.

Cuando el Cuerpo de Bomberos se estaba preparando para salir hacia la zona rural, les informaron que ya habían ocurrido avalanchas. Sobre las siete de la mañana ya preveían que habría daños, pero comunicarse con los campesinos era casi misión imposible por la falta de señal, y porque las vías ya estaban totalmente bloqueadas.

Los afluentes causantes de la emergencia fueron El Oso, Neme, y Jaque; algunas de estas que pasan por las veredas Las Juntas, Vergel, Tablón Alto y Bajo, La Unión.

El alcalde

El alcalde de la localidad, Moisés Ortiz Alarcón, no pudo evitar su voz de preocupación por lo que hasta la mañana del viernes había podido documentar el cuerpo de bomberos.

Antes del mediodía ya se conocía que había afectaciones en todos los acueductos veredales y en el suministro de gas, que el agua aún permanecía sobre las carreteras del área rural y parte de la vía principal, en resumen: “los ríos quedaron circulando sobre las vías”, detalló.

Según el mandatario, la creciente dejó afectaciones en el 70% de las vías, quedaron incomunicadas 35 de las 48 veredas del municipio y las avalanchas “prácticamente borraron del mapa 15 viviendas”, y otras más tuvieron afectaciones. También dijo que “en los últimos 50 años no se había visto  una catástrofe similar.

Para ese momento se hablaba de una víctima mortal, “es lo que podemos informar por ahora en esta situación tan difícil, pero con toda la fe en Dios que nos vamos a recuperar”, dijo el burgomaestre entonces.

Los campesinos  

Conforme pasaban las horas y se iba poco a poco accediendo a más relatos de los labriegos, se iba haciendo más notoria la necesidad de declarar el municipio en calamidad pública.

Para el viernes en la tarde ya se conocía que muchas de las familias damnificadas debían comenzar de cero debido a la gravedad de los daños en sus viviendas y cultivos de pancoger. El trabajo de toda la vida para lograr una casa había sido arrasado, y los cultivos, única fuente de ingresos para los labriegos, estaban altamente afectados, incluso varios tuvieron pérdidas totales, reportó el Cuerpo de Bomberos. Al cierre de esta edición no se había consolidado el número exacto.

Detalló el comandante del Cuerpo de Bomberos Voluntario que “algunas familias se quedaron sin nada, perdieron sus casas y fincas. Ya se aproxima la cosecha cafetera y los deslizamientos hicieron que se perdieran cafetales completos”.

Además de las veredas en la zona alta, el Alcalde también se refirió a muchos cultivos afectados sobre el valle del río Suaza como maracuyá, papaya, cilantro, lulo, tomate, limón y otros, “aún no calculamos el número de hectáreas porque es muy difícil acceder, las vías están destruidas”, reiteró.

Por su parte el comandante Cuerpo de Bomberos Voluntario también agregó que “unos muchachos tenían arrendadas siete hectáreas y habían cultivado lulo, las plantas estaban pequeñas, y ellos nos comentaban que perdieron en trabajo e insumos aproximadamente $40 millones, más los $12 millones por los que arrendaron la tierra. Fue trágico, uno siente el dolor porque siempre ha admirado el esfuerzo de los campesinos”.

Las víctimas

Libardo Toledo fue uno de los 60 productores damnificados por la creciente del rio Suaza en el centro poblado El Guayabal. El campesino pertenece a una asociación de fruticultores, y desde hace cuatro meses le estaba apostando al cultivo tecnificado de maracuyá.

“La creciente nos acabó un 50% del cultivo. En esta área hay 70 hectáreas cultivadas y todas fueron afectadas. Yo hablo de mi zona, pero más para arriba y para abajo hasta llegar a Guadalupe también hubo daños”, dijo el labriego.

Además de las pérdidas materiales, para ayer se tenía el reporte de tres personas fallecidas, un joven, una mujer y un hombre adulto, quienes al parecer serían una familia.

La tragedia que enluta a Suaza tuvo lugar en la vereda Alto Campo Hermoso, las personas se encontraban durmiendo y no alcanzaron a reaccionar cuando fueron sorprendidos por la creciente, que los arrastró con todo y casa, informó el Cuerpo de Bomberos de Suaza.

La entidad también indicó que el cuerpo del joven fue hallado a 10 metros de la orilla de la quebrada Jacué, y que la  extracción se realizó a las 03:30 p.m. del viernes. El segundo occiso se encontró a orillas del río Suaza y fue rescatado a 06:15 p.m. La mujer fue hallada en el río Suaza, aunque lejos de su compañero.

Una advertencia de la naturaleza

Ayer el municipio amaneció intentando reponerse de la situación; tras la emergencia se hace más visible la urgente necesidad de implementar el Plan de Ordenamiento y Manejo de Cuenca Abastecedora (Pomca) del rio Suaza.

Para Jorge Perdomo, Biólogo especialista en Derecho Ambiental y residente de Suaza, con la expansión de la frontera agropecuaria se ha deforestado el bosque de ribera del afluente en la parte media y alta, cuya función es actuar como barrera natural.

“Muchas personas que no pudieron comercializar todos sus productos por la cuarentena, optaron por aumentar su producción agrícola con miras a que en diciembre y el otro año se puedan recuperar económicamente, pero la fuerza de la naturaleza los sorprendió y dejó sin nada”.

“El Plan, dentro de sus ejes programáticos, establece un componente importante como lo son los riesgos, donde evidenció la necesidad de constituir obras de ingeniería para la mitigación, pero también la necesidad de frenar la deforestación del bosque andino en la parte alta del municipio de Suaza”, sostuvo.

Explicó que se ha venido desarrollando una colonización desorganizada y no planificada que está degradando los ecosistemas estratégicos, que en este caso hubieran servido como barrera o protección frente a las palizadas y remoción en masa, que finalmente fueron las que provocaron las pérdidas económicas y humanas.

El Pomca atañe a los municipios de Acevedo, Suaza, Guadalupe, Garzón, Altamira y Palestina, donde tiene jurisdicción la cuenca del río.

Define una zonificación que deberá ser respetada por todas las instancias, tanto locales como las industrias privadas que pretenden intervenir estas áreas, indicó la Corporación Autónoma Regional del Alto Magdalena en el año 2017, durante la presentación del documento.

“Se trata ahora de aunar esfuerzos para que se ejecute algo que ya está, para que se empiecen a ver obras reales que impacten positivamente al territorio, y que no nos pase lo acontecido en Mocoa, donde se tuvo que perder más de 1.000 vidas humanas para realmente comenzar a ordenar esa cuenca, y a las personas ubicadas en zonas de alto riesgo sacarlas. ¿Ya para qué?”, puntualizó.

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